El volcán Erta Ale en el Danakil

Y llegó ese día en que veríamos lo más esperado del viaje a Etiopía; el volcán Erta Ale en la Depresión del Danakil al noroeste de Etiopía. Erta Ale significa “montaña humeante” en el idioma de los Afar, gente que habita el desierto del Danakil y de la que os hablo aquí.

El Volcán Erta Ale es un lugar tan inaccesible, tan lejano y este día íbamos a verlo. No quedaba duda de que iba a ser una aventura  alucinante subir y bajar al volcán en una excursión nocturna, caminando 14 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta sobre un mar de lava y con unas temperaturas altas. La experiencia prometía muchísimo.

Esta foto era mi expectativa de la espectacular visión que obtienes en el volcán Erta Ale.

Estaba claro que merecía la pena pegarse esa paliza, ya que las fotos que veíamos de otros viajeros nos dejaban con la boca abierta…pero la realidad siempre supera la ficción. Lo que vivimos es un buen ejemplo de que en cualquier viaje, el destino no importa tanto; siempre es muchísimo mejor la experiencia del recorrido que el destino en sí mismo.

El denominado volcán Erta Ale levanta sus 613 metros de altura sobre el desierto de Danakil, en la depresión de Afar, y está en erupción desde 1967.

La lava moldea el suelo de los alrededores del volcán Erta Ale.

Este volcán en escudo – que se caracteriza por su gran extensión y poca pendiente- se ha formado a partir de capas sucesivas de erupciones basálticas de carácter recurrente que pueden durar millones de años. Aunque los registros de este volcán datan de los años 60, el Erta Ale fue descubierto a mediados del siglo XIX.

Comúnmente conocido como ‘La puerta del infierno’, el Erta posee uno de los lagos de lava más duraderos y grandes del planeta. A ese nombre también contribuye el terreno que rodea al volcán, uno de los más hostiles de la tierra. De hecho, el actor Fernando Tejero declaró, en el programa Planeta Calleja de Jesús Calleja, que el Erta Ale “es el lugar más radical y hostil que he visto“. Os vinculo el programa en cuestión aquí donde veréis al actor Fernando Tejero alucinar viendo el volcán en erupción.

El acceso hasta las inmediaciones del cráter del volcán se realiza en 4×4  en un recorrido que alcanza los casi 100 kilómetros de distancia entre el volcán y la ciudad más cercana, Mekele. Los 80 primeros kilómetros se realizan en coche hasta la ladera del volcán. Uno de los mejores hoteles de Mekele donde descansar la noche anterior, según TripAdvisor, es el Planet International. Un hotel moderno equipado con 80 habitaciones, restaurantes, bares, cafeterías, áreas de vestíbulo, recepción y un centro de bienestar. Además, este hotel tiene una cuidada oferta para los viajes de negocios con amplias salas de conferencias, seguridad privada y acceso a Internet. Nosotros lo encontramos bastante sucio pero de primeras da el pego.

Situación de los lugares del Danakil; volcán erta Ale, Dallol y ubicación respecto a Mekele

Llegamos al campamento base un par de horas antes de cenar para después salir hacia el volcán. El calor es realmente insoportable; tenemos más de 40 grados. La organización de la expedición está lista. El Campamento base, desde donde partimos y volveremos a la mañana siguiente, consiste en unas chozas de paja y tierra donde tumbarse y descansar. Fuera en otras chozas están los guías, nuestro cocinero y unos benditos camellos que nos acompañarán durante los 14 kilómetros de ida y de vuelta al volcán, llevando nuestra mochila y como vehículo de transporte en caso de emergencia.

Nuestra expedición; guías y camellos junto a las chozas.

Aquí estamos nosotros, muertos de calor, tirados sobre unos colchones esperando a que se esconda el sol, cenar y salir hacia el volcán.

Guías del poblado afar que nos acompañan

Las chicas muertas de calor a punto de combate la ruta de trekking hacia el volcán

Comenzamos  la ruta a pie en un recorrido de unos 15 Km que suele realizarse en cuatro horas. El resultado es un paraje hostil, de calor, color rojo y olor a azufre.  Es muy importante remarcar que a pesar de los propias dificultades (varios permisos que tu agencia de viaje debe sacar por llevarte) y peligros que conlleva este viaje, la ruta hasta el cráter del volcán Erta se considera muy peligrosa debido al asalto por parte de grupos terroristas y nativos violentos. Es totalmente obligatorio ir acompañado de seguridad y por conocedores de la zona y así lo hicimos nosotros también. Antes de ir no te imaginas que esto es un tema de tanta trascendencia y que se toman la seguridad del turista como un asunto de extrema importancia. En el pasado ha habido algún episodio aislado de secuestro de turistas, por lo que hay una fuerte presencia militar que escolta a los turistas en ambos volcanes.

Es una zona sin cobertura móvil y sin transporte público, por lo que es necesario entrar con al menos dos vehículos 4×4 para poder salir a pedir ayuda en caso de que algo no marche bien. No existen hoteles y hay que llevarse todo el agua y alimentos necesarios para el recorrido. Por todo ello no se puede recorrer esta región por libre. Las agencias de Mekele y Addis Abeba organizan expediciones periódicamente. Los recorridos habituales desde Mekele, la ciudad con aeropuerto más cercana, oscilan de tres a cuatro días si se quieren ver los dos volcanes y la extracción de sal. Yo os recomiendo nuestro guía Haftu, con el que hicimos el viaje completo. Sí quería sus datos, preguntadme.

Comienzo de la excursión de ascenso al volcán Erta Ale, (cuya humareda se ve al fondo). Los guías son militares que van armados. Son las 18 h y hace alrededor de 35 grados. Nos esperan 14 kilómetros de ida. Cuesta caminar porque el suelo es de arena negra. Más adelante el camino se hace más fácil por ser lava seca.

El volcán Erta Ale muestra un perfil que no parece intimidar, pero no hay que dejarse engañar por esta apariencia. Necesitamos cuatro buenas horas para subir desde la depresión, a menos 70 metros, hasta una altura de más de quinientos metros.

Los últimos tramos son nocturnos y llenos de emoción. Se percibe la reverberación de la luz naranja que emerge del monstruoso orificio. Los sentidos están alerta, el olor a azufre cada vez es más persistente.

Ultimo tramo de caminata hacia el volcán ERta Ale.

Con la ayuda de las linternas seguimos hasta el borde del cráter, con la idea de acercarnos lo más posible a los bancos de la gran cuenca volcánica, como atraídos por una fuerza magnética que nos obliga a seguir. La linterna frontal nos marca el camino pero tenemos que ir con muchísima cautela, siguiendo bien las instrucciones de nuestro guía, que nos dice cómo y dónde pisar. Todos caminamos en fila india.

Antes de ver el volcán, hacemos una breve parada en el campamento de la cima,  que es donde dormiremos, al raso o en unas chozas parecidas a las del campamento base. El campamento en la cima del volcán, gestionado por los Afar es realmente curioso. Detrás del farallón de piedra volcánica formado por las constantes erupciones, se hallan unas chozas de piedra y paja en las que se pretende que pernoctemos los “farengis” que han osado desafiar al volcán. Dentro de dichas chozas, es imposible dormir, los camellos han subido unos camastros que se distribuyen por donde se puede.

Bajamos desde el campamento a echar un vistazo al cráter. Desde el campamento hay que recorrer una considerable distancia; primero bajar por un estrecho paso de grandes piedras desiguales y sueltas hasta el cráter gigante del volcán. De ahí andando unos diez minutos entre lava solidificada de anteriores erupciones hasta llegar a la boca.

El premio por pasar estas dificultades es contemplar un Magma echando llamaradas, explosiones que engullen rocas, un mar agitado de piedra líquida y negra, una cazuela gigantesca en la que se cuece la tierra. El Erta Ale es un espectáculo que hipnotiza con su fuerza viva y fascinante pero mala suerte que nosotros no pudimos divisarlo con claridad. Parece ser que el viento y la cantidad de ceniza que había nos nubló la visión. Igualmente imaginártelo es alucinante.

Encontramos tres o cuatro viajeros intentando fotografiar el volcán sin mucho éxito tampoco.Volcán Eta Ale. Foto de Barbiegirltravelsarts

Volcán Erta Ale. Foto de Barbiegirltravelsarts

El cráter tiene un kilómetro de diámetro y la laguna de lava es de unos 40 metros.
Volvemos al campamento base a dormir un rato. Hace muchísimo frío y el ambiente está cargado de azufre; hay que taparse la boca para respirar. A las 3h de la madrugada, acurrucada espero el momento de acceder de nuevo a la boca del volcán para ver la salida del sol, a ver si podemos verlo mejor. Volvemos a bajar al volcán pero hay demasiado viento y la visibilidad no mejora.

Volcán Erta Ale. Foto de Barbiegirltravelsarts

Volcán Erta Ale.

Volcán Erta Ale.

Debemos volver, pues el sol es implacable y los 14 Km. de descenso pueden ser muy duros. Decido bajar en camello una parte del trayecto… es una experiencia, pues el sistema de “anclaje” es primitivo y el bamboleo de los camellos hace que resulte duro mantenerse erguido y estable: 1 hora de descenso en camello, 2.30 horas caminando y la última media hora andando hasta el campamento base bajo un ardiente sol. Así puedo llegar con una cierta integridad física que seguro necesitaré para continuar este extraordinario viaje a los confines del mundo.

Este es el mar de lava que ves durante el día

Aquí estoy subida a mi camello y el guía militar que me acompaña me lleva galantemente mi bastón rosita 🙂

Más arriba he escrito; “Lo que vivimos es un buen ejemplo de que en cualquier viaje, el destino no importa tanto. Siempre es muchísimo mejor la experiencia del recorrido”. En este caso me gustó muchísimo el recorrido de las 4 horas de subida y las 4 de bajada hacia y desde el volcán, a pesar de que en ciertos momentos se me hizo duro. El volcán no me pareció tan impresionante como me esperaba pero saber que estás en un sitio único en el mundo lo hace si cabe, aún más especial, aunque no puedas verlo con claridad.

En breve os seguiré contando de los últimos trayectos del viaje por Etiopía.

Si queréis leer el resto de las entradas de mi viaje a Etiopía podéis pinchar aquí.

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7 comentarios

  • Isa says:

    Qué pena no haber tenido la suerte de Fernando Tejero, y ver ese impresionante lago de lava así de despejado. Pero aún así, a pesar del humo y del olor a azufre, la experiencia valió la pena. Un lugar absolutamente impresionante. Cuando estás arriba se te olvida todo lo sufrido para llegar a su cima.

    • Barbara Garcia says:

      pues la verdad es que tienes razón Isa pero la aventura y el paseo, aunque nos costó, mereció la pena muchísimo.
      un beso y gracias por comentar 🙂

  • alberto says:

    Hola!! Estoy planeando mi viaje por el norte de Etiopia y quería saber cuantos días estuvisteis en el Danakil y a ver si me puedes pasar los datos del guía o agencia con los que fuisteis. Muchas gracias!!

  • Inma says:

    Buenas tardes
    He entrado en la página web que indicas pero no me aparece el Tour tuyo de 3 días.
    Que lo contratasteis indpendiente? Me podrías decir el coste? Muchas gracias
    Un blog muy chulo

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