Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán

Buenas viajeros,

Naqsh-e Rostam, comúnmente denominada la Petra de Irán, es también denominada el «Valle de los reyes Iraní».  Es, sin duda, uno de los lugares más espectaculares de Irán.

Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán

Nasqsh-e Rostam. Foto de Barbiegirl Travels Arts

Seguimos las huellas de la antigua Persia para adentrarnos en un lugar no muy mencionado en los libros y que nos devuelve el bonito sueño de ser arqueólogos por un día. Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán, bien podría ser también el equivalente al Valle de los Reyes en Egipto por ser una gran necrópolis de los reyes de su dinastía más poderosa. Este es un magnífico lugar en medio del desierto donde, a través de sus grabados, se pueden llegar a entender parte de la historia de la época aqueménida (560 ac-330 ac).

Introducción a Naqsh-e Rostam

Este lugar que fuera última morada de grandes reyes aqueménidas posee algo que hace que se le parezca mucho a la nabatea Petra, aunque realmente poco o nada tengan que ver. Quizás sus tumbas podrían pasar a lo lejos por las de Jordania, pero a reducida escala, ya que tan sólo son dos pares, los bajorrelieves que los acompañan son inconfundiblemente persas y, lo mejor de todo, no hay casi turistas. Se dicen que estarían enterrados allí los reyes Darío I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II aunque no haya inscripciones que lo confirmen.

Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán

Panorámica de Nasqsh-e Rostam. Foto de Barbiegirl Travels Arts

Ubicación

Muy cerca de la ciudad de Shiraz y a apenas 3 km de las ruinas de Persépolis (la ciudad persa construida bajo las órdenes de Darío I el Grande -3er rey de la época Aqueménida- y destruida en el 330 a.C por Alejandro Magno), se encuentra  la maravillosa necrópolis de Naqsh-e Rostam. Se trata de un valle en cuyas paredes están excavadas varias cámaras donde en su día se enterraron a algunos de los reyes más significativos de la antigua Persia. Ellos son: Darío I, el único que cuenta con la inscripción de su nombre a la entrada; Jerjes I, Artajerjes I y Darío II, según han constatado algunos estudios arqueológicos. Este es el cementerio de los emperadores de la dinastía aqueménida persa.

Las cruces persas

En el instante en que una gruesa montaña de piedra teñida de desierto empieza a ver crecer su cresta desde el suelo aparece esta especie de milagro arqueológico. Surgen de la nada cuatro tumbas inmensas perfectamente esculpidas en la roca en forma de cruz.

La principal característica de Nasqsh-e Rostam, la Petra de Irán es que las entradas a las tumbas tienen forma de cruz.  Es imprescindible visitar esta joya de Persia tan poco conocida ya que la necrópolis de Nasq-e Rostam es una de las sorpresas mejor cuidadas de Irán. Es la obra cumbre del arte funerario aqueménida. Tan impresionantes que incluso la dinastía posterior, los Sasánidas, conservaron y ampliaron con nuevos relieves de su época.

¡Os puedo asegurar que te quedas sin palabras! y además, el lugar es de acceso libre.

Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán

Barbie en Nasqsh-e Rostam, Persépolis. Foto de Barbiegirl Travels Arts

Las cuatro tumbas fueron saqueadas por Alejandro Magno en el 330 AC después de conquistar el imperio aqueménida, por lo que sus interiores están vacíos. Lo que no se alteró fue su arquitectura. Llamados como las “cruces persas”, cada una de estas cámaras se caracteriza por su forma de cruz y sus bajorrelieves, que representan algunas de las batallas más importantes de los persas.

 

Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán

Barbie en Nasqsh-e Rostam, Persépolis. Foto de Barbiegirl Travels Arts

Grabados de la tumba de Darío I

Es la única tumba de las cuatro que está identificada. Sus bajorrelieves representan algunas de las antiguas batallas persas.

Tumba de Darío I, Irán. Foto de Barbiegirl Travels Arts

El Cubo de Zoroastro

La Persia aqueménida era zoroástrica, y su dios era Ahura Mazda. Tanto en sus tumbas como en Persépolis existen grabados donde se hace alusión a esta antigua religión que fue prohibida tras la invasión árabe, cuando se impuso el Islam.

El Ka’ba-i Zartosht, conocido también como el cubo de Zoroastro, se encuentra justo enfrente de estas tumbas y su presencia ha dado lugar a diferentes opiniones. Según algunos historiadores, este es una réplica del que había en Pasargadas, la anterior capital del imperio, y que sirvió como caja de seguridad para guardar enseres de valor. Otra de las opiniones es que se trata de un antiguo altar del fuego propio del zoroastrismo.

La religión Zoroastrista tuvo su momento álgido durante el período aqueménida. Su dios, Ahura Mazda, se puede ver en antiguos grabados de Persépolis, Naqsh-e Rostam y en muchas de las edificaciones iranís. También sus cementerios, llamados Torres del silencio por su altura, o sus templos del fuego, siendo el de Atashkadeh, en Yadz, el más famoso de todos por contar con la eternal flame, una llama que lleva encendida desde el siglo V.

Naqsh-e Rostam, la Petra de Irán

Barbie en Nasqsh-e Rostam, Persépolis. templo de fuego, según la religión zoroastriana. Foto de Barbiegirl Travels Arts

En los orígenes, el zoroastrismo se presenta como una reforma de la religión practicada por tribus de lengua iraní que se instalaron en Turquestán occidental entre el I y II milenio a. C. Estas tribus estaban estrechamente ligadas con los indoarios, los que aportaron el sánscrito y todas sus lenguas derivadas en la India del Norte, a partir del año 1700 a. C. Estos pueblos constituyen a la familia indo-aria.

La comparación del zoroastrismo con la religión india es útil para comprender su nacimiento. Estas dos religiones tenían un dios llamado Mitra por los indios y Mithra por los iranios, que significan el sol o el dios del sol.

Tumba de Ciro el Grande en Parsagada

Ciro el Grande (559-530 a. C.) otrode los grandes emperadores de la dinastía aqueménida creó una nueva capital para gobernar su recién conquistado imperio. Al norte del territorio de Anshan, el núcleo persa por excelencia, en una fértil llanura regada por el río Pulvar, presumiblemente en el emplazamiento de la batalla definitiva contra Astiages, se levantó Pasargada.

Tumba Ciro el Grande, Pasagarda, Irán. Foto de Barbiegirl Travels Arts

Para los ojos de los visitantes, normalmente no muy habituados a visualizar conjuntos arquitectónicos a partir de ruinas, quedan en Pasargada algunos restos diseminados de lo que fue, hace más de 2000 años, la primera capital del imperio aqueménida. Pero entre todos esos restos de columnas, muros semiderruidos y fragmentos de relieves, destaca, por su imponente presencia, la tumba de Ciro el Grande.

Al contrario de lo que sucederá con los sepulcros posteriores de la dinastía aqueménida, excavados en la roca, la tumba de Ciro es una edificación exenta que llegó a alcanzar los 11 m de altura. Construida con enormes bloques de piedra labrada, puede describirse como compuesta por dos elementos. El primero un podio formado por seis hileras de piedra. Y, sobre él, una cámara sepulcral cubierta con un tejado a dos aguas.

Ciro, el grande reinado (559-530 a.C.) inaugurará la dinastía aqueménida cuna de grandes reyes que ampliarán  el legado de Ciro II hasta límites desconocidos para aquella época. Deberán de transcurrir poco más de dos siglos tras su muerte  para que otro gran hombre, Alejandro Magno, enemigo del poderío persa pero admirador del gran rey, acabara  de una vez y para siempre con el predominio de los reyes aqueménidas dando paso a otro modo de comprender las relaciones humanas.

Después de haber recorrido el país, no hay dudas de que  Nasqsh-e Rostam, la Petra de Irán & Persépolis son dos yacimientos increíbles que nadie debe dejar de visitar en Irán. Estos dos lugares los visité únicamente en un día quedándose la vsisita un poco corta.

Seguiré escribiendo acerca de este apasionante país en las próximas semanas. Os lo contaré todo en una próxima entrada a la que podréis acceder pinchando aquí.

!Abrazos!

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